De viatge amb el T-10 de la Bòbila

T-10 és el club de lectura de la Biblioteca la Bòbila que us ofereix plaer i coneixement a partir d'un viatge literari organitzat en deu etapes. L’itinerari del “Club de lectura T-10” combina lectures, tertúlies, còmics, butlletins, xerrades o pel·lícules. És una proposta de 10 excursions lectores, 10 mirades diferents del lloc.

Després dels viatges literaris que hem fet a la ciutat de Nova York, a l'Europa Central, també anomenada Mitteleuropa i a Rússia, al peculiar humor anglès; o a les illes literàries, ens dirigim a la frontera i saltem a banda i banda..., entrem en el cor de la família, i aquest curs el dediquem a la novel·la llatinoamericana actual, ens acompanyes?

dilluns, 11 de novembre de 2019 0 comentaris

"Todas somos Madame Bovary"

Aquest proper dimecres llegirem Madame Bovary, de Gustave Flaubert. La seva història és arxiconeguda, fragments de l'article de Valeria Mussio a La Izquierda: diario ens ofereixen una perspectiva diferent del personatge:
"El escritor Mario Vargas Llosa le dedica una extenso ensayo llamado “La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary”, en el que le coloca a Emma el epíteto de “heroína egoísta”. Ella se embarca en una lucha únicamente guiada por la conquista de los placeres terrenales.
La heroína individualista
Desde esta perspectiva, Madame Bovary pareciera una especie de ingenuo Sid Vicious, cuyo único propósito es el de “vivir rápido y morir joven”. El análisis de Vargas Llosa es sumamente interesante y está muy bien pensando, pero la ternura con la que observa al personaje llega al punto de ser ligeramente condescendiente de las capacidades de una mujer de subvertir el orden y de levantarse frente a un sistema opresor.
En este sentido, cambiaría el epíteto de “heroína egoísta” por el de “heroína individualista”. Si bien el tinte feminista de la obra escapa por completo la intencionalidad del autor, en ciertos pasajes de la obra la lucha contra el patriarcado se hace evidente. Pensemos, por un lado, en la inutilidad de Charles como el clásico patriarca, construido durante toda la novela como un monigote estúpido que no comprende en absoluto nada de lo que pasa a su alrededor. Esto facilita a Emma la posibilidad de escaparse con otros hombres, para vivir aquello que las mujeres tienen prohibido: experimentar diversas relaciones amorosas y placer sexual.
Emma desprecia la institución del matrimonio y de la familia, y huye intentando entrar en el mundo de las aventuras, no porque se le haya llenado la cabeza de ideas locas, sino porque es consciente de que ese mundo es real y tangible para todos aquellos que hayan nacido con el sexo masculino. 
Y sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos, la lucha de Emma Bovary falla inevitablemente. Nos preguntamos por qué, y podemos respondernos: Madame Bovary atraviesa un etapa social de consumo masivo, en el que la capacidad económica parecía abrir una puerta para ascender a una clase social más alta. Su autopercepción no coincide con sus bienes materiales de existencia. Busca constantemente un placer propio e individual que decore su ruptura con el sistema, y se hunde en un consumismo exacerbado que la lleva a comprar y comprar artículos de lujo que en verdad no puede pagar, buscando pertenecer a un círculo social al que no puede entrar, debido a su pertenencia a una clase media pequeño burguesa.
No es su perspectiva llevar adelante una lucha para un colectivo de mujeres ni de explotados, porque simplemente se interesa en su persona individual, en su propio conflicto con el mundo, e ignora completamente el papel del capitalismo en su opresión. Intenta liberarse, y no tiene ninguna base política ni consciencia que la acompañe en su lucha. Ignora al capitalismo, y este se la come: Emma no tiene consciencia de clase. Además, ella intenta liberarse de su lugar impuesto como mujer en la sociedad, no en enfrentar el sistema patriarcal, lo que deviene en una combinación de errores fatales. Tapada hasta la coronilla de deudas, Madame Bovary se suicida, frente a la desesperación generada por no poseer bienes económicos.
El texto en el presente: ¿Liberación individual o colectiva?
Las problemáticas que aparecen y se tensionan en el personaje de Mme Bovary, su salida individual para intentar sobreponerse al lugar reservado a la mujer en la sociedad capitalista y patriarcal de su época, continúan vigentes hoy y signan las vidas de miles de millones de mujeres. Las discusiones estratégicas en torno a las formas de enfrentar el sistema patriarcal que nos oprime implican posicionamientos ante estas mismas problemáticas. Si, como decíamos antes, las obras literarias concentran elementos del pasado, del presente y del futuro, la lectura y el análisis de este provocativo texto pueden resonar en los debates actuales del feminismo."

dimarts, 5 de novembre de 2019 0 comentaris

Emmanuel Carrère:«Soy incapaz de narrar una realidad a la que no pertenezco»

Desprès d'haver llegit 'L' adversari', fragments de l'entrevista d'Andrés Seoane amb motiu de la visita d'Emmanuel Carrère a la Casa Amèrica de Madrid, ens ofereixen una idea de la seva manera d'entendre el món i la literatura.
"Dueño de un estilo sincero y descarnado, teje en sus libros una compleja amalgama de reportaje, crónica y biografía. 
Una rusofilia heredada
Una constante en la obra de Carrère es el mundo ruso, pasión heredad de su madre, la sovietóloga Hélène Carrère d’Encausse, una eminencia de la historia rusa que predijo la caída de la Unión Soviética. En la órbita de este país se adentró el escritor en dos novelas, Una novela rusa (Anagrama, 2007) y Limónov (Anagrama, 2011).
«Hay mucha diferencia psicológica en cómo se abordan los libros cuando el tema lo ha buscado uno o cuando le llega de fuera» . Eso pasó con Vidas ajenas (Anagrama, 2009), el que considero mi mejor libro hasta ahora«. El escritor considera que es la procedencia la que determina la forma de abordar las historias. «Psicológicamente es diferente. En el primer caso, me planteo problemas de índole moral sobre hasta dónde llegar, qué no narrar…, pero en los temas dados, en Vidas ajenas, por ejemplo, ocupé simplemente el lugar que me dieron los protagonistas, escribía sobre personas que me pidieron hacerlo. Limónov es un personaje público al que no tengo que rendirle cuentas, aunque quiera partirme la cara luego».         
Ni traición ni autocensura.
Sin embargo, se hace complejo pensar que una voz como la de Carrère, que destaca por su radical sinceridad y honestidad, por ser cruda y descarnada, muchas veces consigo mismo, esconda elementos de autocensura a la hora de escribir. Y ciertamente no lo hace. Opina el escritor que «hay mucha gente que cree que el reportero de investigación, el periodista o el escritor que intima con un personaje, por ejemplo, un asesino, tendrá con él una relación deshonesta. No estoy de acuerdo«, asegura rotundo. Para Carrère, la clave inviolable de una relación de este tipo, «es marcar los límites desde el principio, ser sincero y enseñar las cartas. Puede generarse cierta ambigüedad, es cierto, porque somos seres humanos. Puedes incluso dudar de su culpabilidad, pero nunca debe faltar la honestidad. Yo considero que nunca he traicionado a mis personajes, pero tampoco he traicionado nunca al lector«.

Resultado de imagen de emmanuel carrereAunque claro, no es lo mismo censurarse al hablar de los demás que de uno mismo, algo que también destaca mucho en las novelas de Carrère, plagadas de partes introspectivas y escritas siempre desde el yo. «Sobre sí mismo uno puede decidir libremente qué cuenta, aunque sea vergonzoso o doloroso, y hasta dónde quiere llegar. Es mucho más complejo dedicándose a escribir sobre otros.

Además de un volumen que recopilaba todas su crónicas periodísticas publicadas entre 1990 y 2015, Conviene tener un sitio adonde ir, la última incursión narrativa de Carrère fue El Reino, un relato ficcionado de los primeros años del cristianismo con San Pablo como protagonista, que se entremezclaba con una crisis de fe narrada en las carnes del propio escritor. Y desde entonces, nada. El propio Carrère ha reconocido en varias ocasiones sufrir un importante bloque creativo en el que ninguna historia aparece en el horizonte. Aunque mientras tanto el escritor no se queda de brazos cruzados. También guionista y realizador de cine, dirigió una película basada en su novela El bigote y fue jurado del Festival de Cannes, Carrère se ha refugiado del síndrome de la página en blanco en el cine. «Ahora mismo estoy metido de lleno en un rodaje. Voy a dirigir una película el invierno que viene, y en estos momentos estoy rodando un documental preparatorio para esta cinta de ficción. Pero como todavía nada es oficial, aún no puedo decir nada», responde esquivo. Y sin embargo, «me gustaría volver a escribir, pero 2019 es un año reservado para el cine».