De viatge amb el T-10 de la Bòbila

T-10 és el club de lectura de la Biblioteca la Bòbila que us ofereix plaer i coneixement a partir d'un viatge literari organitzat en deu etapes. L’itinerari del “Club de lectura T-10” combina lectures, tertúlies, còmics, butlletins, xerrades o pel·lícules. És una proposta de 10 excursions lectores, 10 mirades diferents del lloc.

Després dels viatges literaris que hem fet a la ciutat de Nova York, a l'Europa Central, també anomenada Mitteleuropa i a Rússia, al peculiar humor anglès; o a les illes literàries, ens dirigim a la frontera i saltem a banda i banda..., entrem en el cor de la família, i aquest curs el dediquem a la novel·la llatinoamericana actual, ens acompanyes?

dijous, 15 de novembre de 2018 0 comentaris

Claudia Piñeiro


Dentro del panorama de la literatura argentina, Claudia Piñeiro  es una escritora de éxito y, como cualquier otro escritor, tiene un relato iniciático del momento preciso en el que decidió que la literatura sería su destino.
En 1978 terminó el secundario y quiso seguir la carrera de Sociología. No pudo. La dictadura había cerrado el ingreso a carreras consideradas  sospechosas. Entró en Ciencias Económicas, en Contador Público.  Venía de una familia de clase media baja que me mandaba con esfuerzo a la Universidad, por eso mi objetivo era poder trabajar. Tuve el mejor promedio de la UBA de ese año, entre ocho mil, nueve mil alumnos,dice. Siendo el mejor promedio, parecía lógico que la eligieran en uno de los estudios de auditorías más importantes del país. Sin embargo, en aquellos tiempos, una empresa se podía dar el lujo de no contratar mujeres, aún si tuviera el mejor promedio de la Universidad de Buenos Aires. Presionada por las nuevas leyes antidiscriminatorias de su país de origen, la empresa ese año hace una excepción. Y Claudia es contratada.Entonces sí, cuenta el relato mítico de su origen como escritora.
En ese momento estaba trabajando como gerente administrativa de una empresa que tenía una sucursal en San Pablo. Tenía que viajar para hacer un inventario, iba en el avión leyendo el Ámbito Financiero y veo un recuadro chiquito que dice: editorial Tusquets, concurso de novela. Ahí, me dije: “bueno, basta, vuelvo a Buenos Aires, pido una licencia y escribo para este concurso, porque si no me va a explotar la cabeza.” Volví, pedí la licencia, y me puse a escribir la novela. Las ganas de escribir se impusieron por sobre ciertos detalles: fue a buscar las bases del concurso tiempo después de haberse largado a contar la historia que tenía en su cabeza. Y para cuando las tuvo, comprendió que era un concurso de una conocida colección de novelas eróticas: La sonrisa vertical. Y lo que en otro supondría la excusa para dejar de lado su empeño, en Claudia, pareció solo un obstáculo ; dice: entonces no solamente tenía que escribir una novela, si no que tenía que ser erótica. Así que empecé a leer a Anaïs Nin, a Henry Miller, Baudelaire.La escribió. La mandó al concurso. Y meses más tarde, recibió una carta de Berlanga (el director de la colección) diciéndole que su novela estaba entre las diez finalistas. No gané el concurso, dice, pero recibir esa carta fue una marca de iniciación: un espejo que te devuelve alguien que dice, “bueno si te esforzás y te dedicás, a lo mejor llegás”.La novela se llama El secreto de las rubias y es la única de sus novelas que todavía permanece inédit
Mientras era contadora escribí siempre. Cuando pasó esto, ahí empecé a tener la fantasía de dejar el trabajo de contadora. Pero vivía sola, tenía que pagar la luz a fin de mes, llenar la heladera, como todo el mundo. Lo que intenté fue ir armando una posibilidad de trabajo que me acercara más a la escritura. Vi un aviso, entonces. Era una editorial de revistas que se llamaba Editores Asociados. El dueño era Oskar Blotta, gran dibujante y director de revistas como Eroticón, Emanuelle, etc. Él pedía estudiante de Letras, o de periodismo.Le mandé una carta ; le decía que yo creía que podía trabajar en esa revista. Que había sido finalista del concurso de La Sonrisa Vertical; en fin: la carta era muy lanzada, insistía en por qué yo pensaba que sí podía hacerlo a pesar de no tener las características que decía el aviso.Me llamó a una entrevista y me tomó. Y empecé a trabajar en la editorial.Pero al tiempo de esto, la verdad que no llegaba a generar el ingreso necesario para seguir viviendo como vivía. Y me ofrecieron otro trabajo en una petrolera que se venía a instalar a la Argentina. Me hizo dudar.Y Claudia, otra vez, volvió a redoblar la apuesta: se lo planteé a Oskar Blotta. Y entonces me dio la oportunidad de cambiar de la redacción a ser una especie de asistente de él para revisar las distintas publicaciones y a la vez, seguir escribiendo. Esa nueva situación mejoraba un poco mi sueldo,  Y ahí sí, no volví ya más como contadora. 
Con la convicción de que este nuevo camino era lo que definitivamente estaba buscando, Claudia siguió formándose como escritora. Empecé a hacer cursos con María Inés Andrés de guiones de televisión. Y fue un salto laboral muy interesante: porque empecé a escribir guiones y ahí sí me quedé tranquila porque tenía un ingreso que me permitía vivir.
Y tiempo más tarde ocurre el hecho que resultará una bisagra en su camino: el premio Clarín-Alfaguara y la publicación de Las viudas de los jueves. El libro terminó generando un fenómeno de masas (más de 500.000 ejemplares vendidos) que resulta siempre complejo entender o explicar. Incluso, para ella misma. Las viuda de los jueves, dice, tiene que haber tenido una conjunción de factores para ser lo que fue: El premio Clarín es fundamental, reconoce. Era la primera vez que en el jurado había un premio Nobel, Saramago.  Y de inmediato se detiene en lo que tal vez sea una explicación estética: escribí una novela que tenía cierta urgencia en el lector, en el sentido de que el otro está esperando que vos le cuentes eso. Y a pesar de que Claudia quería escribir una novela sobre la sociedad de los 90, se encontró con la voraz ansiedad de los lectores sobre la vida en los barrios cerrados o condominios.
Y para terminar también reconoce un elemento extra-literario que tuvo una influencia decisiva y no del todo mensurable: en el momento de haber terminando la novela, antes de publicarla, matan a la socióloga María Marta García Belsunce que vivía en el barrio cerrado del Carmel, donde se desarrolla la trama.  Otro de los factores posibles de su éxito: el poder reparatorio de cualquier ficción.
Claudia Piñeiro, echa una mirada a su propia obra y ensaya una lectura posible sobre sus libros, una clave general que  enhebra lo autobiográfico con lo literario; dice: casi todas mis novelas tienen una mirada sociológica más allá de la historia que se cuente. De modo que esa antigua vocación frustrada por la carrera de Sociología sigue en pie transformada en una voluntad estética narrativa. Yo creo que hay un punto de vista, sigue, uno elige desde dónde cuenta, desde dónde vos obligás a mirar. Y el punto de vista que yo tomo es sociológico en el sentido de que no solo mira la vida de los personajes, si no la sociedad en la que están esos personajes. Me parece que mis novelas están ancladas en la sociedad que está contando.
diumenge, 28 d’octubre de 2018 0 comentaris

una suerte pequeña

El proper dimecres 14 de novembre llegirem "Una suerte pequeña" de Claudia Piñeiro. Us oferim un petit comentari previ.
«El abismo atrae. A veces sin que seamos conscientes de esa atracción. Para algunos, atrae como un imán. Son los que pueden asomarse, mirar hacia abajo y sentirse capaces de saltar. Yo soy una de ellos».
Una dona torna a l’Argentina després de vint anys fora fugint d’una desgràcia ; no va poder afrontar el sentiment de culpa i la condemna social del seu entorn. Però qui torna és una altra: no té el mateix aspecte i la seva veu és diferent, ni tan sols es diu igual. La reconeixeran?
Mary Lohan, Marilé Lauria o Maria Elena Pujol - qui es, qui va ser, qui havia estat alguna vegada - torna al suburbi de Buenos Aires on va formar una família i va viure fins que va decidir fugir. Després d’amagar-se a Boston com a professora d’anglès per a estrangers, encara no acaba d’entendre perquè va acceptar regressar a un passat que s’havia proposat oblidar per sempre. Però a mesura que ho entén, entre trobades i revelacions inesperades, s’adonarà també que a vegades la vida no és ni destí ni casualitat i que potser el seu retorn no sigui una altra cosa que una petita sort: la de retrobar-se amb aquells que van formar part del seu drama personal, per a tenir la ocasió de redreçar el seu futur.
Una novel·la emocionant sobre l’abandonament i l’amor, que treu a la llum el dolor, la por, el sentiment de solitud de la seva protagonista, al temps que deixa entreveure els prejudicis, la manca d’empatia, l’odi i la rancúnia –i el terrible patiment que en poden arribar a infligir a una persona– d’un grapat de personatges que podem reconèixer fàcilment en qualsevol àmbit social. Aquest es el relat descarnat d’unes vides truncades per la fatalitat, que semblen interpel·lar al lector a propòsit de la possibilitat d’oblidar el passat veritablement, de soterrar-lo definitivament en algun racó de la memòria per a que faci menys mal. Tot i així, és molt humà pensar que sempre hi ha oportunitat per a l’esperança, per reeixir i per deixar-nos portar per la irrefrenable necessitat de viure.
divendres, 26 d’octubre de 2018 2 comentaris

Literatura hispanoamericana

El proper mes de novembre comencem el cicle 2018-2019 de lectures del Club de Lectura T10 sota la temàtica "Literatura hispanoamericana".

Coordina: A.Tenllado


14 de novembre: Una suerte pequeña, de Claudia Piñeiro

16 de gener: La neblina del ayer, Leonardo Padura

13 de febrer: Las travesuras de la niña mala,de M.Vargas Llosa

13 de març:  Demasiados héroes, de Laura Restrepo

15 de maig:  Arrecife, de Juan Villoro



 Més informació al nostre bloc











dimecres, 9 de maig de 2018 0 comentaris

Gabi Martínez

Aquest dimecres llegim "Las defensas" de Gabi Martínez ; fragments de la entrevista d'Elena Blanco al suplement de Cultura de l'ABC, ens donen una idea del seu procés creatiu.

"Hace unos años, en Sant Jordi, a Gabi Martínez (Barcelona, 1971) se le acercó un tipo mientras firmaba ejemplares de sus novelas. «Tengo una historia que veo protagonizada por George Clooney en Hollywood y creo que te podría interesar», le dijo. Al escritor le gustó el humor que desprendía la ocurrencia y aceptó el reto. Así descubrió que el protagonista de la historia era, en realidad, el mismo que se le había aproximado en la caseta:un prestigioso neurólogo que padecía encefalitis límbica, la enfermedad que él mismo investigaba. Y ese es, grosso modo, el argumento de «Las defensas» (Seix Barral), su último libro. Un relato poderoso sobre los frágiles límites entre la locura y la cordura, y una necesaria reflexión del estado de asfixia en el que, probablemente sin saberlo, vivimos en la actualidad.


Cuando se le acercó, ¿no pensó: «Éste es un lunático»?

El titular era bueno. Si una historia me atrae, intento darle siempre una oportunidad. Quedamos para hablar, para tomar un café...


¿Pero desde el primer momento tuvo claro cómo quería contarlo?
Estaba en condiciones de hacer lo que había pensado siempre que haría: hablar de mi ciudad, de mí país, de mi entorno. Aquí, el tema me viene dado y es perfecto para comenzar una nueva etapa, porque me permite entrar en el corazón de la ciudad a través de alguien que no deja de ser periférico. Con su locura, el neurólogo me concede la oportunidad de hablar de alguien que ha perdido la razón y que, por lo tanto, va a hablar con una libertad absoluta de lo que tiene alrededor. Algo que en la sociedad actual es complicado.

¿Por qué resulta tan complicado?
He sido periodista muchos años. Cuando empecé, existía una palabra que era «francotirador», que definía al periodista que abordaba con un espíritu científico las realidades e informaba de la manera más honesta. El francotirador fue eliminado por cuestiones políticas y fue sustituido por el librepensador.

Tanto en literatura como en periodismo.
Yo creo que sí. Ahora no tenemos ninguna palabra que represente a ese perfil de individuo. No digo que no exista la persona, pero no existe la palabra. No puedes agrupar a los francotiradores, por decirlo así.

No les puedes categorizar.

No, no puedes decir que hay un grupo de personas que están ahí. Las asociaciones se hacen para fortalecer los grupos. Este grupo no se puede fortalecer de ninguna manera porque no existe. Lo que me permitía el protagonista era ejercer como un francotirador antiguo.

¿El francotirador era usted o era él?

Él. A través de él podía ser francotirador. Escribo sobre la ciudad a través de sus ojos. Su experiencia pasa por contar cómo a alguien le crea un estrés descomunal una ciudad en la que se supone que está programado para hacer una vida cómoda. Cómo eres educado en unos valores de esfuerzo que te dan una recompensa. La familia es la protección suficiente, y estará contigo en todo momento. Pero va pasando el tiempo, te haces mayor, y descubres que el esfuerzo no tiene la recompensa que quizás pensabas.

Y, de hecho, tiene cada vez menos recompensa.
Cada vez menos. La familia tiene unas grietas muy grandes por donde te puedes llegar a caer. La idea de justicia y la de autoridad no van de la mano.

Usted logra meterse en la cabeza del protagonista y eso, tratándose de una persona que padece un trastorno tan brutal, es muy difícil.He leído muchísimo sobre psicología: de Oliver Sacks a Henry Marsh; a doctores que tratan enfermedades específicas; libros sobre personas que en algún momento intentan superarse; sobre neurología, esquizofrenia, sobre enfermedades que están asociadas. Luego, está el hecho de ser escritor y el interés que tengo. Es muy Raskolnikov el personaje.

Sí, totalmente.
Quiero desarrollar al personaje, y me proyecto muy bien porque tiene dos pasiones muy claras: su trabajo y una pasión por la vida que no sabe cómo canalizar.

Además, decide que el libro sea en primera persona.
Porque es la persona que tiene toda la fuerza y consigue transmitir al personaje de verdad. Lo último que le pido a un libro es que sea una mentira. Intenté hacer una penetración lo bastante potente como para llegar ahí. Los problemas que tenemos todos son tan comunes que se trata de pillar el matiz, el tono de la vida de esa persona y que las situaciones sean bastante potentes.

Me pregunto cuánta libertad le dio. ¿Le dijo: «Cuéntalo todo»?Él escribió 70 páginas

Pero no del libro.
Le dije: «Mira, es tu historia. Quizás, quien mejor la pueda explicar seas tú». Entonces, escribió y le salieron 70 páginas. Las leí y le dije: «Me parecen bien. Si tú quieres hacer un libro para explicar cómo ha sido tu experiencia…». Y me dijo: «No. Quiero hacer una novela». Le dije: «Entonces voy a convertir tu historia en lo que yo crea que sea necesario. Y tú te reconocerás donde te reconozcas». «Sí, de acuerdo», me dijo. Cuando estás tratando material real, el compromiso moral que adquieres con la persona que tienes a tu lado es de confianza plena por parte de la otra persona.

¿Y él aceptó ese compromiso desde el primer momento?
Si no acepta, no me hubiera metido. Me estoy jugando mi reputación. Soy escritor, y creo en la escritura. Le dije: «Podemos llegar a acuerdos en según qué caso, pero el libro es mío». Y él estuvo de acuerdo.

¿Lo iba entregando conforme iba escribiendo o sólo se lo dio al final?
Al final. Las injerencias, si no, estarían garantizadas.

¿Cuál fue su reacción, una vez que lo leyó?
Antes de entregarle el libro, me dijo: «Tenemos que hacer algo para acabar el libro. El Pic del Infern estaría bien». Nos subimos al Pic del Infern después de que a él le hubieran dado ya dos infartos y de haber pasado dos, tres brotes. Recibir el libro fue un impacto muy bestia para él. Después de ese impacto necesitó unos días de calma y de digestión, y me dijo: «Creo absolutamente que este libro guarda una verdad muy poderosa al margen de todo lo que tú hayas podido añadir, y creo en esa verdad lo suficiente como para estar con el libro a muerte».

¿Se reconoció?
Sí, claro. Por eso le impactó.

¿Tenía pensado qué iba a contestar cuando le preguntaran por las dosis de imaginación que hay en la novela?
Cuando tratas materia real, siempre te van a preguntar. Yo trabajo muchas veces con material real. Lo que busco en los libros es que me resulte absolutamente creíble lo que me cuentan. La verosimilitud es esencial.

La literatura está ahí.

No creo que ni a usted ni al buen lector les importe.

Esto ayuda al debate posterior de la periferia, pero haber llegado a ese debate me parece algo bueno, porque quiere decir que la gente se ha leído un libro en el que ha creído, y luego se planteará una pregunta posterior para matar el tiempo. Lo que importa es el libro.

¿Es más fácil escribir ficción a partir de la realidad?
Tengo una formación que me ayuda a valerme de la realidad para llegar a la ficción. He escrito novelas muy a gusto y muy libre, que eran absolutas precisamente por no tener vínculo con la realidad. Al cabo del tiempo, he ido aprendiendo a integrarlo todo. He descubierto que me encuentro igual de cómodo sea el tema que sea.

El libro es también una panorámica de nuestra historia más reciente, desde la transición ¿Qué es lo que ha aprendido echando la vista atrás?
Esa historia es mi vida. Ese es el recorrido, el aumento de la presión brutal en todo este tiempo. Eso me permite hablarle cara a cara a mi sociedad repasando los grandes momentos, desde las Olimpiadas hasta el 11-M, pasando por la aparición de la tecnología. A partir de ahí, que puedas reconocer a alguien en ese ciudadano que podrías ser tú.

Y ser consciente de que te podría pasar a ti.

Hemos ganado muchas libertades, pero toleramos cosas que son excesivas.

Habla fundamentalmente desde el punto de vista laboral.Y desde el punto de vista doméstico. Nos falta ese punto, que pasa por la educación y por no habernos liberado de muchas cosas. Nos inculcan unos valores que pensamos que son verdades eternas, y resulta que también son modificables. Y nos cuesta modificarlos."


Per a saber-ne més de l'autor, cliqueu la seva pàgina biogràfica a Lecturalia.






divendres, 23 de març de 2018 0 comentaris

"Las defensas" de Gabi Martínez

El proper 16 de maig llegirem “Las defensas”, de Gabi Martínez.
Per a la seva novel·la s’ha basat en el cas real d’un neuròleg que es torna boig, aprofitant per retratar a nivell social l’Espanya actual des de la Transició, i alhora el nostre sistema sanitari.
Explica l’autor com li va arribar la història: una matí de Sant Jordi a Barcelona, fa tres anys, un home a qui anomena Camilo Escobedo, se li va apropar i li va dir "Tengo una historia que podría interesarte". La novel·la és la vivència d’aquesta persona: un neuròleg què el gener de 2006 va emmalaltir per causes desconegudes i va ser ingressat a un psiquiàtric. Intueix que l’han diagnosticat erròniament i que la seva malaltia és autoimmune, es recupera un any després i just llavors es descobreix i es comença a investigar la seva malaltia concreta.
Martínez descriu com un home ben educat i de classe benestant, comença a perdre el control, i de com una vida còmoda pot esdevenir un infern. En un món on ens han educat per a pensar que l’esforç té la seva recompensa, que la família és el teu entorn amic i que les autoritats son justes, descobrim que les compensacions no son les que esperàvem, que la família té esquerdes i que les autoritats sovint ho son tot menys justes.
Aquesta societat és “un sistema immunitari on les defenses es giren en contra teu, de la mateixa manera com passa amb la malaltia provocada per les teves pròpies defenses” segons Martínez.
Escrita en primera persona, amb un protagonista masculí i nou de femenins, l’autor ha trobat en un boig el personatge ideal per a parlar de Barcelona "amb un punt almodovarià, però amb una foscor més gran, gairebé de Goya", ha explicat.
També posa de manifest les eines de què disposem per a lluitar contra l’enorme pressió a la que estem sotmeses les persones en el món actual i els nivells d’estrés i insatisfacció, fent servir la història de superació d’un doctor considerat embogit, i que ha passat a considerar-se metge de referència en la seva especialitat.
dimecres, 14 de març de 2018 0 comentaris

William Faulkner

L'escrit de Juan Carlos Botero ens dóna una magnífica visió de l'univers de William Faulkner.
"... al igual que Balzac, que construyó un mundo con su Comedia humana, Faulkner se propuso algo similar, y cada página que escribió fue una pieza del gran rompecabezas que estaba creando en su mente. “Entonces construí mi propio cosmos”, le explicó a Jean Stein vanden Heuvel en su entrevista de The Paris Review. “Puedo mover estos personajes de un lado a otro como Dios, y no sólo en el espacio sino en el tiempo también”. En efecto, de esta intención totalizadora surgió una de las regiones más famosas de EE. UU.: el condado de Yoknapatawpha. El nombre es de origen indígena y significa “el agua discurre lentamente a través de la planicie”. Se trata de un territorio tan real que mereció un detallado mapa al final de la obra maestra Absalom, Absalom!, en el cual el novelista precisó su extensión de 2.400 millas cuadradas, su población de 6.298 blancos y 9.313 negros, y una nota marginal escrita en la letra menuda del autor: “William Faulkner, único dueño y propietario”.

Años después se supo que la creación de este cosmos fue una labor titánica. Faulkner tuvo uno de los inicios de carrera más extraños de la literatura. A diferencia de Truman Capote, que a los nueve años tenía clara su vocación de escritor y a los 21 era famoso, y de Victor Hugo, que antes de cumplir 15 años había escrito miles de versos, Faulkner jamás pensó en ser escritor. Nació en New Albany, Mississippi, en 1897, y cuando estalló la Primera Guerra Mundial, él no pudo ingresar en el ejército por falta de estatura, de modo que se marchó a Toronto en donde fue aceptado en la Fuerza Aérea de Canadá. Después hizo un año de estudios universitarios, y luego fue carpintero, pintor de casas y administrador de la oficina de correos de la universidad, pero lo despidieron por leer durante las horas de trabajo.

En esa época el joven se hizo amigo de uno de los grandes autores del momento, Sherwood Anderson. Ambos vivían en Nueva Orleans, y juntos paseaban por la ciudad en las horas de la tarde para conversar con la gente. Faulkner sabía que en las mañanas Anderson se encerraba en su cuarto a escribir, y le llamó la atención ese estilo de vida tan agradable, de manera que lo quiso ensayar a ver si le gustaba. Así comenzó su primer libro, y la escritura le pareció “un ejercicio divertido”. Luego de tres semanas, en las que no había vuelto a ver a su maestro, llegó Anderson a su casa y le preguntó si estaba enojado con él. Faulkner explicó: “Estoy escribiendo un libro”. Anderson respondió: “Dios mío”, y se marchó. Después, al concluir la obra, que sería Soldier’s Pay, Faulkner se encontró con la esposa de Anderson y ella le dijo: “Sherwood dice que si él no tiene que leer su manuscrito, le dirá a su editor que acepte publicarlo”. “Trato hecho”, dijo Faulkner. Así comenzó su carrera literaria, una de las más ricas e influyentes del siglo XX, y en 1949 obtuvo el Premio Nobel de Literatura. La suya fue una vocación insaciable, y al igual que todas las grandes, sólo la muerte la pudo detener."
Per a saber-ne més, podeu llegir la seva biografia.
dimecres, 28 de febrer de 2018 0 comentaris

El ruido y la furia, de W. Faulkner

El proper 14 de març, al Club de Lectura T10 llegim  El ruido y la furia, de William Faulkner.
Pensem què fragments, seleccionats del comentari de l'escriptor Alexis Ravelo, n'ofereixen una magnífica perspectiva:
"Publicada inicialmente en 1929: El ruido y la furia es su primera obra maestra y su cuarta novela.El propio Faulkner llegó a decir que era la obra que le inspiraba más ternura, la primera que había escrito en serio ...
A grandes rasgos, El ruido y la furia cuenta la decadencia y disolución de una familia de Mississippi, los Compson. Se trata de la típica familia blanca de rancio abolengo, que se ha ido empobreciendo paulatinamente. Asistimos a sucesos cruciales para la penúltima generación, formada por una chica, Caddy, y tres hermanos varones: Benji, discapacitado psíquico profundo sin capacidad para el lenguaje; Quentin, sensible y culto; y Jason, egoísta, mezquino y amargado.

La novela transcurre principalmente en un fin de semana de 1928 y en un día de 1910, pero en realidad, a través de los recuerdos de los personajes, y gracias a un apéndice final añadido posteriormente a su primera publicación, abarca casi un siglo de historia de la familia y, con ella, de historia de la humanidad, pues, en el fondo, la de los Compson es la historia de los nietos de quienes usurpan el poder e inventan una larga estirpe para justificar el expolio; de ese orgullo de estirpe que es lo único que les queda cuando pierden su botín empujados por la historia.

Pero lo más importante es el grandioso trabajo de experimentación que hay en El Ruido y la furia, porque la novela está dividida en cinco partes: la última, contada en una tercera persona focalizada en Dilsey, la criada negra de la familia; las otras tres narradas en primera persona, en forma de monólogo interior, por parte de cada uno de los tres hermanos varones: Jason, el tacaño; Quentin, atormentado por la incestuosa pasión que siente hacia su hermana Caddy, y (esto es lo que más llamó la atención en su momento) Jason, el idiota (o el loco). Esta es la sección que abre la novela, la de Benji, cuyos recuerdos irrumpen en su realidad inmediata en forma de monólogo interior para contarnos la infancia de los protagonistas. Faulkner quería hacer el relato por boca de alguien que sabe lo que ocurre, pero no sabe por qué. De ahí la referencia a los célebres versos de Macbeth, en los que se dice que la vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada.

Y, de alguna manera, la vida de todos estos personajes gira en torno a los dos femeninos: Caddy, que deshonrará a la familia teniendo una hija ilegítima y será expulsada para siempre, y esa hija, a quien bautizarán con el nombre de su tío Quentin, y que se convertirá también en una adolescente indomable.

En El ruido y la furia hay de todo: estafas, suicidios, castraciones, huidas, intrigas, incesto y traición. Hay fracaso, pasiones imposibles, frustración, hipocresía y miseria. Y hay, sobre todo, literatura con mayúsculas, de esa que a veces no entra a la primera, pero que, si le damos una oportunidad, nos conmocionará y nos acompañará luego toda la vida.

No por casualidad se dice que Faulkner es uno de los más grandes escritores de la narrativa universal. García Márquez, Vargas Llosa, Juan Rulfo, o Juan Carlos Onetti reconocían su directa influencia. Y es, digamos, el novelista al que la mitad de los novelistas quiere parecerse cuando sean mayores. La otra mitad quiere parecerse a Hemingway. Es algo terrible, pero inevitable: siempre hay un momento en que te ves obligado a elegir entre los Beatles y los Rollings (...). En El ruido y la furia demuestra cómo todo un universo puede surgir a partir de los pantalones embarrados de una niña, cómo un reloj, una pelota de golf o una corbata pueden obsesionarnos durante páginas y más páginas igual que la espada de Beowulf o la Lámpara de Aladino (...). 

Habrá quien te diga que Faulkner es una autor difícil. Por supuesto, lo es. Pero no habrá quien te diga, sin mentirte, que no vale la pena leerlo. Y una buena forma de comenzar a hacerlo es esta novela a la que parecía querer especialmente."