OPERACIÓN MASACRE
La novela reconstruye los hechos de la noche del 9 de junio de 1956, durante la dictadura de la "Revolución Libertadora" (liderada por Aramburu). En el contexto de un levantamiento militar peronista fallido, un grupo de civiles reunidos en casa de uno de ellos para escuchar un combate de boxeo por la radio, fue secuestrado en una casa de Florida (un barrio al norte de Buenos Aires) y llevado a un descampado para ser ejecutado sumarísimamente.
Walsh divide la obra en tres partes: primero hace un pequeño retrato de las víctimas, dando sus nombres y haciendo un breve resumen de su vida, para sacarlos del anonimato y de la frialdad de la "crónica policial". Después, hace un minucioso relato de la captura y el fusilamiento, que resulta escalofriante y permite conectar primero con la sorpresa y después con el terror que sintieron las víctimas, y para acabar, expone las evidencias de semejante crimen de estado, detallando el expediente judicial, las pruebas de la ilegalidad y la lucha encarnizada por la verdad y la justicia, una justicia que nunca llega a encontrarse.
El punto central de la denuncia de Walsh es la absoluta ilegalidad del acto cometido contra los civiles, que fueron detenidos antes de que se dictara la Ley Marcial. De hecho, la denuncia se aferra a este detalle (el momento exacto en el que fue dictada la Ley Marcial) porque dada la brutalidad del estado dictatorial, es la única arma a la que las víctimas y él mismo pueden agarrarse para intentar demostrar la ilegalidad de todo el procedimiento (como si la propia Ley Marcial no fuese de por sí ya una aberración). Walsh demuestra en la novela (e intenta demostrar ante la justicia) cómo el Estado utilizó el aparato represivo de forma retroactiva para eliminar aleatoriamente disidentes, marcando un precedente oscuro que culminaría en la dictadura de 1976.
Es tal el impacto de los hechos en Walsh, que él empieza el libro siendo un escritor de ficciones policíales, ajeno a la política ("Yo quería que me dejaran en paz con mis libros", dice al incio de su obra), y lo termina como un intelectual comprometido que, tristemente, muere asesinado por la dictadura que tanto se empeñó en combatir. A partir de la investigación que emprende cuando decide escribir sobre los hechos, Walsh toma conciencia de que el periodista tiene la obligación moral de intervenir, de mostrar la verdad y la injusticia cuando el estado miente y utiliza todas las herramientas de que dispone para actuar con impunidad y tapar sus atrocidades.
Es Rodolfo Walsh con esta obra el que funda el género de la no-ficción que tan popular hizo luego Truman Capote con su A sangre fría. Así, se utilizan recursos literarios (suspense, focalización) para narrar hechos reales, otorgándoles un impacto emocional que la descripción periodística fría y detallada no logra. Fue la primera vez que se denunció con nombres, apellidos y pruebas el modus operandi de la brutal represión clandestina en Argentina, y fue esta valentía la que le costó la vida al autor, que prefirió morir luchando antes que ser apresado por aquellos a los que llevaba años acusando.






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