El barón rampante
Empezamos la nueva temporada de nuestro club con la sorprendente El barón rampante, obra magistral
de Italo Calvino. La novela nos presenta a Cosimo Piovasco di Rondò, un joven aristócrata
del siglo XVIII que a los doce años toma la drástica y firme decisión de
subirse a los árboles para no volver a bajar jamás a la tierra. Lo que parece empezar como una rabieta, acaba convirtiéndose en el modus vivendi del joven que, para sorpresa de todos los que le rodean, no cede en su empeño de vivir sin tocar el suelo. Dada la dificultad que comporta tal decisión, se ve obligado a aprender otras maneras de funcionar fuera de los convencionalismos, cosa que consigue con gran inventiva e imaginación, sorprendiendo a propios y extraños con su ingenio. Desde una
perspectiva psicológica, la conducta de Cosimo representa un fascinante
fenómeno de individuación, autonomía y reafirmación de la identidad frente a la
rigidez del mandato familiar y social. Lejos de ser un acto de locura,
escapismo o "neurosis regresiva", su subida a la copas de los árboles constituye
una declaración radical de libertad interior e integridad ética:1 Cosimo no huye
de la condición humana ni de la sociedad, sino que establece una distancia
crítica idónea para observar, comprender y participar en el mundo sin dejarse
alienar por sus convencionalismos y jerarquías. Su decisión revela una férrea
voluntad y una firme decisión de vivir su vida a su manera, mediante una adaptación creativa, donde el distanciamiento físico
se convierte en la única vía para sostener un compromiso auténtico y solidario
con sus congéneres, evidenciando una profunda
necesidad de coherencia existencial que mantiene intacta hasta el final de sus
días. Este retrato psicológico se entrelaza de manera inseparable con el
efervescente contexto histórico en el que se sitúa la narración, ambientada en
la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX, en plena transición del
Antiguo Régimen a la modernidad. La vida de Cosimo transcurre en el marco de la Ilustración, la Revolución Francesa y la posterior era napoleónica, un
periodo convulso definido por la crisis de las estructuras feudales, el auge
del pensamiento racionalista y el nacimiento de las utopías políticas. A través
del prisma de la ficción, Calvino utiliza la altura estratégica y la
neutralidad de su protagonista para articular una aguda metáfora sobre la
figura del intelectual ilustrado: aquel individuo librepensador que,
comprometido con las ideas de progreso, libertad y justicia social, busca
transformar la realidad desde un espacio de ecuanimidad y distanciamiento
conceptual, experimentando la inevitable fascinación y posterior desencanto
ante las contradicciones de las revoluciones burguesas y las ambiciones
imperiales. Así, la trayectoria existencial del barón en las alturas no solo
refleja una gesta de autodeterminación psicológica, sino también un lúcido
fresco histórico y socio-político sobre los dilemas de la libertad individual
frente al devenir de la historia colectiva.
Y no olvidemos que si la vida adulta se nos vuelve demasiado absurda, aburrida o complicada, siempre nos quedará la sabia opción de subirnos a las ramas, aunque sólo sea un rato...
Italo Calvino (1923–1985) nació
en Cuba de padres científicos italianos, y creció en San Remo. Pese a la férrea
ideología republicana y librepensadora de la familia, sus padres se vieron
obligados a afiliarse al Partido Nacional Fascista para no perder sus puestos
docentes e investigativos. Durante la Segunda Guerra Mundial, Calvino desertó
del reclutamiento obligatorio para unirse a la Resistencia partisana,
experiencia que nutrió su primera etapa literaria neorrealista. Tras la
contienda, estudió Literatura en Turín y trabajó durante décadas como
influyente editor en Einaudi junto a Cesare Pavese. Más tarde abandonó el
realismo para cultivar una genial narrativa de fábula, alegoría y
experimentación con la trilogía Nuestros antepasados, Las ciudades
invisibles y Si una noche de invierno un viajero. Casado con la
traductora argentina Esther Singer, vivió en París e integró el célebre grupo
experimental Oulipo. Falleció repentinamente a los 61 años a causa de un
ictus, en la cima de su reconocimiento internacional.
Calvino era sumamente esquivo a hablar de su vida. Solía decir a los periodistas: «Sigo siendo de los que creen que sólo cuentan las obras de un autor. Pregúnteme lo que quiera y se lo diré, pero nunca sabrá si le he dicho la verdad, de eso puede estar seguro».







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